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El guardián de la memoria potosina

Carlos Colunga: El historiador y poeta rescata vivencias y tradiciones de Santo Domingo

Por Daniela Carrizales

Octubre 18, 2026 03:00 a.m.

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El guardián de la memoria potosina
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      En un amplio estudio de la capital potosina donde el peso de colecciones de enciclopedia, tratados de historia local y figuras labradas del semidesierto, se encuentra Carlos Colunga. A sus espaldas reposa el eco acumulado de varias décadas de trabajo intelectual; al frente, la mirada clara y atenta de quien ha dedicado gran parte de su vida a evitar que la memoria de su pueblo se extinga bajo la polvareda del olvido. Colunga habla con la cadencia pausada y sobria de los hombres del campo, combinada con la precisión metódica de quien hizo de la escritura su oficio y su refugio.

      Carlos Colunga y su trayectoria en la historia y poesía de Santo Domingo

      Durante largo tiempo, la trayectoria de Carlos Colunga transitó por dos cauces que podrían parecer distantes. En las décadas de los ochenta y noventa, se posicionó en el ámbito comercial y corporativo como autor de libros sobre administración publicados por reconocidas casas editoriales. Sin embargo, bajo esa faceta ejecutiva latía con fuerza inquebrantable el amor hacia Santo Domingo, San Luis Potosí, su tierra natal. Con el paso de los años, Colunga se convirtió en el gran cronista e historiador de este rincón del Altiplano, rescatando no solo los acontecimientos documentales, sino también la poesía, los versos y las canciones populares que le dan identidad a su gente.

      El gigante silencioso del Altiplano

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      Santo Domingo es una geografía de contrastes definitivos. Se trata del municipio de mayor extensión territorial de todo el estado de San Luis Potosí, aunque en su vasta superficie habita una comunidad íntima y dispersa de apenas 11,000 personas. Para Colunga, abordar la historia de esta comarca jamás fue un ejercicio de teoría académica desapegada, sino un acto de fidelidad hacia sus propias vivencias de infancia y juventud.

      "Yo no escribo sobre teoría; a mí no me gusta mucho la teoría. Me gustan los hechos, lo que uno siente y lo que va viendo", explica Colunga con convicción. "Yo escribo sobre lo que viví, sobre mis vivencias. De hecho, gran parte de lo que he estado publicando de historia sobre Santo Domingo fue redactado hace 50 o 60 años. Eran notas que tenía guardadas desde que era un muchacho. Durante el confinamiento de la pandemia, me di a la tarea de revisar esos apuntes, organizarlos y comenzar a autopublicar los libros".

      A través de cuatro volúmenes históricos dedicados íntegramente a Santo Domingo, el autor ha logrado tejer una narrativa donde el rigor de los hechos se entremezcla con versos poéticos y letras musicales. En sus páginas se rescata la voz cotidiana de un pueblo que, pese a su aparente aislamiento en el mapa potosino, guarda una riqueza cultural entrañable.

      La herida de la crítica

      Pese a esa profunda inclinación poética nacida en su niñez, la voz lírica de Carlos Colunga permaneció silenciada durante décadas por un episodio amargo ocurrido en su juventud.

      "Le llevé mis escritos a una persona que en ese momento era considerada la máxima autoridad sobre poesía en San Luis Potosí", confiesa con honestidad. "El comentario que me hizo fue tan duro y desencantador que me impactó profundamente. Dejé de escribir poesía por miedo. Me daba temor dar a conocer lo que hacía, y pasaron muchísimos años sin que yo mostrara un solo poema".

      El reencuentro con su faceta poética ocurrió de manera casi milagrosa, guiado por la casualidad. Un día, tras haber asistido a un evento cultural que terminó cancelándose a última hora, Colunga caminó por los pasillos de la Casa de la Cultura de San Luis Potosí. En uno de los salones se desarrollaba un taller de lectura de poesía coordinado por Margarita Díaz de León. Decidió entrar a escuchar en silencio.

      Ese encuentro fortuito cambió el curso de sus días. Al cabo de unas sesiones, animado por la calidez del grupo, decidió llevar sus propios versos. La recepción fue tan conmovedora que borró de golpe los miedos acumulados durante décadas.

      «Cuando ves el efecto que causa tu poesía en otras personas —no que te lo digan, sino que lo veas en sus caras—, es cuando le llega el premio al poeta. Es algo muy bonito que no te da nada más.»

      A partir de su experiencia como estudioso de la historia local, Colunga reflexiona sobre la identidad del estado de San Luis Potosí, una entidad diversa donde conviven las tradiciones del Altiplano, la Zona Centro, la Media y la Huasteca. Para el escritor, la clave de la fortaleza potosina reside en la integración.

      "A mí me tocó un Santo Domingo sin energía eléctrica ni refrigeradores, donde caminábamos de noche bajo la luz de la luna", señala. "Hoy la tecnología ha cambiado la vida de los jóvenes. No podemos pretender que las nuevas generaciones adopten la cultura de hace 50 años tal como la vivimos nosotros. Hay que dejar que ellos vayan creando su propia cultura de acuerdo con su tiempo, recibiendo las bases que sus padres les transmiten".

      El retorno a las raíces

      Tras haber residido durante 21 años fuera del territorio potosino por compromisos profesionales, el regreso de Carlos Colunga a San Luis Potosí representó el reencuentro definitivo con su origen.

      "Cuando volví después de dos décadas fuera, me sentí verdaderamente en casa", expresa con emoción. "Sentí una paz profunda al regresar al lugar que conocía, a la cultura que era mía. El potosino —ya sea del Altiplano o de la Huasteca— es gente de palabra, gente respetuosa que sabe resolver los problemas de la convivencia diaria a través del diálogo civilizado".

      Hoy, la obra de Carlos Colunga se erige como un testimonio imprescindible para comprender la vida en el semidesierto. Sus cuatro libros de historia y poesía sobre Santo Domingo no solo rescatan fechas y documentos, sino que preservan el palpitar humano de una comunidad. Al final del día, escribir sobre su tierra ha sido su manera más pura de expresar gratitud a la patria chica que marcó su destino.