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Bukele, Dios y cuatro rehenes

Por Carlos Seoane

Octubre 26, 2026 03:00 a.m.

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      Nayib Bukele tiene un problema. Uno bastante serio. Cuatro militares salvadoreños desaparecieron en Haití, presuntamente secuestrados por pandillas, y el presidente que presume haber acabado con las maras en su país ahora tiene que enfrentarse a criminales que no conoce, en un territorio que no controla y bajo reglas que no puede imponer. Y, por si fuera poco, decidió amenazarlos públicamente.

      El 18 de octubre, cuatro técnicos de aviación salvadoreños, integrantes de una fuerza multinacional desplegada en Haití, fueron emboscados cuando regresaban de comprar alimentos. Las autoridades consideran que fueron secuestrados.

      El miércoles publicó en X un mensaje dirigido a los secuestradores, escrito en criollo haitiano, exigiendo la liberación de sus compatriotas. Les recordó que había derrotado a las pandillas salvadoreñas y advirtió que podía hacer lo mismo con ellos.

      Dos días después, el discurso subió de tono. Bukele calificó a las pandillas haitianas de satánicas, aseguró que realizan sacrificios humanos y afirmó que Dios le concedería la victoria. Para rematar, citó un pasaje bíblico sobre la derrota de los enemigos.

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      No sé qué tan familiarizados estén los pandilleros haitianos con el Antiguo Testamento, pero sospecho que no será precisamente el argumento que los convenza de liberar a sus rehenes.

      Mientras tanto, El Salvador envió cientos de elementos de fuerzas especiales para participar en las operaciones de búsqueda y rescate. Los delincuentes respondieron con videos desafiando al presidente salvadoreño.

      The New York Times informó el sábado del hallazgo de cuatro cuerpos calcinados que podrían corresponder a los militares desaparecidos. Bukele salió inmediatamente a desmentirlo.

      Una semana después, seguimos sin saber dónde están los cuatro salvadoreños ni si continúan con vida.

      Y aquí es donde conviene detenernos. Las pandillas haitianas no son las maras salvadoreñas. Aunque comparten actividades como la extorsión, el secuestro y el asesinato, las primeras han alcanzado niveles de control territorial que les permiten desafiar abiertamente al Estado.

      Bukele puede tener una enorme experiencia combatiendo pandillas en El Salvador, pero en Haití juega de visitante. No dispone del control institucional, territorial ni operativo que tiene en su país.

      Y hay una diferencia todavía más importante: ahora tiene cuatro hombres que recuperar.

      Después de décadas participando en negociaciones de secuestro, puedo asegurar que una de las peores decisiones es convertir la vida de los cautivos en una cuestión de orgullo.

      Una cosa es demostrar determinación y otra, muy distinta, arrinconar públicamente a los secuestradores hasta hacerles creer que liberar a sus víctimas equivale a rendirse.

      Las amenazas pueden funcionar, sí. Pero también pueden provocar exactamente lo contrario. Todo depende de quién tenga a los rehenes y qué pretenda conseguir.

      Bukele construyó buena parte de su prestigio político sobre la imagen de un gobernante que no se doblega ante los criminales. Ahora esa misma imagen puede convertirse en una pesada carga.

      En un secuestro, el orgullo suele ser un pésimo consejero. Y los errores no los paga quien amenaza, sino quien está secuestrado.

      @CarlosSeoaneN