DE LA VISITA
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Ya ocurridos los acontecimientos, parece claro que la presidenta Sheinbaum vino a San Luis a lo suyo: a potenciar la difusión de su segundo informe de gobierno, particularizándolo para cada estado con los datos de su particular interés, acompañándolo de un mensaje estándar, y mantenerse cerca de la gente. Es decir, para decepción de muchos que comen ansias, no vino a impulsar ninguna precandidatura ni a descalificar cualquier otra. No vino tampoco a fortalecer políticamente al gobernador Gallardo Cardona ni a debilitarlo.
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Lógicamente, dados los tiempos electorales que vivimos, esta circunstancia de una visita presidencial en plan de política calma, decepcionó a muchos, aunque a otros les condujo a poner atención en ciertos detalles que fueron enfocados para tener materia de especulación.
Me detengo en uno de esos hechos notoriamente sobredimensionados, en este caso para servir a intereses (políticos) particulares. No porque sea algo nuevo en estas tierras, ya lo hemos visto varias veces, sino porque esta vez tuvo un énfasis mayor, hasta llegar, me parece, a una exageración desmesurada.
Me refiero a lo que dijo la Presidenta del mandatario potosino: "Muchas gracias, gobernador Ricardo Gallardo, por su trabajo, por este evento y por la coordinación que tenemos el gobierno de San Luis Potosí y el gobierno de México". Fue todo. Claramente un trato correcto, sobrio, contenido.
Lo que resulta verdaderamente fuera de lugar es el uso digamos fantasioso, o sea alejado de la realidad, que el aparato de comunicación gallardista hizo de esas pocas y sencillas palabras de agradecimiento. La presidenta Sheinbaum agradeció puntualmente tres cosas al gobernador: su trabajo, así, sin mayores detalles; el evento en el que se encontraban y la coordinación institucional de ambos niveles de gobierno, no la personal de ambos mandatarios.
Hace muchos años que no asistíamos a una manipulación tan burda de una breve y concreta expresión presidencial.
Los potosinos de la clase informada -esos que leen, escuchan o ven medios, tradicionales o nuevos- se habrán encontrado con ditirambos insuperables, como esos que en la frase de "gracias por la coordinación que tenemos" encontraron razones para concluir que Claudia Sheinbaum apoya la continuidad del gallardismo en San Luis Potosí. ¿De dónde, cómo? Si me permiten una pequeña licencia interpretativa, diré que según los aviesos comunicólogos del gobierno, la jefa del Ejecutivo federal vino a bendecir el proyecto caciquil del clan Gallardo. No se miden.
Ni qué decir del manejo informativo en relación a que fuera la primera vez que la presidenta Sheinbaum visitó la Arena Potosí. Pareció insinuarse que era algo así como la consagración de catedrales que se reserva para los sumos pontífices.
Despropósitos como esos aparte, tengo para mí que hubo otros sucesos, igualmente de tono menor pero que justifican su análisis y comentarios. Me detengo en algunos de ellos, entre otras razones porque no merecieron mucha atención de los medios ni mucho afán de difusión del aparato gallardista.
Me refiero, por ejemplo, a la ausencia de la señora Ruth González Silva, esposa del gobernador, senadora cuatroteista y principal precandidata a la gubernatura por un partido de la alianza gobernante. A mí no me sorprendió ni me pareció particularmente significativa. No es la primera vez que sucede. En las visitas anteriores de la doctora Sheinbaum tampoco ha hecho acto de presencia doña Ruth.
Además, como es obvio, ella encabeza un proyecto de corte nepotista que doña Claudia rechaza por cuestión de principios. No olvidemos tampoco que no hace muchos meses la senadora González Silva dijo que no compartía la concepción de nepotismo de la Presidenta (que resultaría estar equivocada) y que debía dejarse que la gente decidiera en las urnas. Luego, dijo también la señora Ruth que a Morena le faltaban años de trabajo en San Luis para tener peso electoral.
Con ese contexto y esos antecedentes, haber llevado a la senadora al evento presidencial habría tenido mucho
de provocación.
En estos mismos terrenos político-electorales, quizá el hecho que más captó atención en la Arena fue la presencia del alcalde Enrique Galindo Ceballos en el sector de los morenistas, donde lo acogieron cortésmente, sentándolo junto a sus delegados federales. Alcanzó selfie con la Presidenta y un breve intercambio de palabras con la paisana secretaria de Gobernación Rosa Isela Rodríguez. Obviamente, su asistencia y ubicación dieron motivo a especulaciones sobre el futuro político de Galindo.
Comparto una reflexión al respecto: en la visita antepasada de la titular del Ejecutivo Federal, Galindo también se sentó del lado guinda, porque fue la dirigencia de Morena la que lo invitó. Pero, además, me parece, habría sido poco inteligente de su parte ir a buscar asiento en el sector Verde, dominado por las autoridades gallardistas, exponiéndose a algún desaire enojoso. Los alcances de la relación del alcalde con Morena son un asunto en proceso.
Y los que sin duda se convirtieron en los dos hechos más comentados, más propicios para el ludibrio, fueron la rechifla a Gallardo Cardona cuando fue presentado al arranque del evento, y su incomprensible dislate de comparar a la jefa del Estado Mexicano con el cantante Luis Miguel.
Del primero recojo la observación de un amigo perspicaz presente en el evento, en el sentido de que lo que más le llamó la atención no fue el abucheo morenista sino la tibia reacción de los verdes que eran la mitad del respetable. Encuentro dos posibles explicaciones: una, que los instruyeron para que si se producía esa actitud de los guindas, ellos, los verdes, no alargaran el episodio a base de réplicas y contra réplicas; la otra: que los invitados del Tucán estuvieran realmente fastidiados, cansados y nada combativos. El acarreo desmedido pasa factura.
La comparación entre la Presidenta y el cantante es un producto típico de la irreflexión, de un torcido sentido del humor y de la extraña creencia de que por ser el gobernador todo lo que sale de su boca es el equivalente secular de una encíclica papal. Sea por Dios.
ENCUESTAS
De manera simultánea, a principios de semana dos de las principales y reconocidas casas encuestadoras del país –Consulta Mitofsky y Buendía y Márquez– difundieron los resultados de sus más recientes estudios demoscópicos para medir la intención de voto hacía el 2027. Me detengo en sus resultados porque se trata de encuestas levantadas en vivienda y cara a cara, las que mayor margen de acierto ofrecen. Sin olvidar la permanente recomendación de los propios encuestadores de que sus trabajos son una fotografía del momento y de ninguna manera pronósticos de resultados, veamos los números fríos.
Mitofsky hace un comparativo entre 2025 y 2026 y obtiene los siguientes datos: Morena permanece básicamente igual, con 33.4 por ciento, frente al 33.5 de hace un año. El PVEM crece, y avanza del 3.3 por ciento al 5.6 y el PT también sigue igual: del 2.8 por ciento del año pasado al 2.7 en el actual. Así, resulta que la alianza MORENA-PVEM-PT acumula en este momento una intención de voto del 41.7 por ciento, contra el 39.6 de un año atrás. Crece marginalmente.
En este mismo trabajo demoscópico, el PAN pasa del 10.4 por ciento al 14.8 con un interesante crecimiento de 4.4 puntos porcentuales. El PRI también avanza en la anualidad, del 7.3 por ciento al 10.4, o sea un incremento de 3.1 puntos porcentuales. Finalmente, Movimiento Ciudadano también gana, al pasar del 7.8 al 9.8 por ciento. Acumula dos puntos porcentuales más.
Aquí lo más significativo es que mientras la alianza oficialista permanece prácticamente igual a lo largo de un año, sin crecer, la oposición representada por PAN-PRI-MC consiguió un sustantivo incremento de casi 10 puntos porcentuales: pasó del 25.5 al 35.0 por ciento. Muy interesante. Lo malo para la oposición y bueno para el oficialismo es que los opositores no han constituido ni avizoran ningún agrupamiento. Si van separados, podrían ser aplastados.
Por lo que se refiere al estudio de Buendia y Márquez, no hace comparativos con momentos anteriores, pero sí aporta el interesante ejercicio de eliminar las no respuestas (no sabe/no contestó), lo cual ofrece cifras que pudieran acercarse más a la realidad. Según esto, Morena tiene una intención de voto del 35 por ciento; el PVEM del 5.0 y el PT del 2.0. Sumados los tres, acumulan el 42.0 por ciento.
Del lado opositor, el PAN registra un 11.0 por ciento; el PRI el 9.0 por ciento, igual que el MC. Esto les da un valor conjunto del 29.0 por ciento (13 puntos abajo de la coalición en el poder).
Al hacer el ejercicio de eliminar de la ecuación los indecisos y recalcular la distribución de las respuestas efectivas, se produce un cambio sustantivo; Morena pasa del 35 al 48 por ciento, el Verde del 5.0 al 7.0 y el PT del 2.0 al 3.0. El acumulado es impresionante: la alianza MORENA-PVEM-PT llega al 58 por ciento de la intención de voto.
En el otro lado de la mesa, al eliminar las no respuestas efectivas, la triada PAN-PRI-MC pasa del 29.0 al 40.0 por ciento. Muy lejos de la alianza oficialista. Además, pesa el hecho de que hasta ahora MC se manifieste dispuesto a ir solo.
Un recordatorio: las únicas elecciones de alcance nacional que habrá el año próximo son las de diputados federales, y a ellas se refiere la intencionalidad de voto medida por estas encuestas. Las de cada estado, tienen sus propias particularidades.
Mitofsky levantó 1,200 entrevistas entre el 13 y el 16 de agosto, en tanto que Buendía y Márquez aplicó mil cuestionarios entre el 20 y el 26 del mismo mes.
COMPRIMIDOS
Recién he vuelto a leer que Gallardo Cardona estaría considerando ser candidato a diputado federal y apartarse de la gubernatura meses antes de concluir su sexenio, para romper el candado del nepotismo. No tiene sentido, de nada le serviría: la Constitución habla de una relación de por lo menos los tres años anteriores al momento de la elección. Además, se quedaría sin fuero hasta rendir protesta como legislador, y eso es peligrosísimo.
No me lo crea, pero hay quienes me aseguran que no hace mucho los diputados Ricardo Gallardo Juárez y Héctor Serrano coincidieron en un restaurante, y el papá le puso una santa regañada al gran consejero palaciego, "por tantas pendejadas".
Por si alguien no lo recuerda, los dos nuevos partidos políticos -SOMOS y PAZ – están impedidos de formar alianza o coalición con cualquier otra fuerza política, por ser ésta su primera participación electoral.
El próximo jueves
no circulará Pulso.





