De raíces potosinas
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"Qué lejos ando / de la tierra en que nací. / Ando buscando / un amor que ya perdí. / Y si no lo encuentro / mañana me voy de aquí, / pues vengo de lejos tierras, / soy de San Luis Potosí. / Esta canción / se las canto a mis amigos, / y se las canto / pa´ que se acuerden de mí. / Y si no se acuerdan / mañana me voy de aquí, / pues vengo de lejos tierras, / soy de San Luis Potosí". Esa antigua canción me suscita recuerdos potosinos. Evoco al padre Joaquín Antonio Peñalosa. Enfermo de gravedad, sabedor de que le quedaban pocas semanas de vida, me dijo: "Lo único que siento, Catoncito, es que no haya ataúdes en que pueda uno estar de rodillas, porque hasta muerto quisiera estar hincado dándole gracias a Dios por tantas bendiciones que me dio". Mi tía Amelia Aguirre, hermana de mi madre, casó con don Arturo Dufour, que tenía rancho en Moctezuma. No pudo darle hijos a su esposo. Cuando éste falleció, y lo estaban velando, mi tía salió un momento a respirar el aire de la calle. Vio en la acera opuesta a una mujer de aspecto humilde que llevaba consigo a dos niños. Una mirada le bastó para saber de quién eran. Cuando la mujer hizo ademán de irse, mi tía la detuvo. "Los niños son de Arturo, ¿verdad?". "Sí, señora" -respondió ella bajando la cabeza. "Venga conmigo -le pidió doña Amelia-. Que los niños lloren la muerte de su padre". La citó para el siguiente día, y ante notario le cedió la mitad de los bienes de su esposo. Otros motivos tengo para sentir afecto por San Luis Potosí, entre ellos mi devoción por su poeta, Manuel José Othón. En este mismo instante podría decir de memoria todos los sonetos que forman su "Idilio salvaje", incluso el que sirve de pórtico -y de forzada justificación doméstica- al poema, soneto que muchas veces, a pesar de su excelente factura, es omitido en las antologías. Othón, en visita a don Celedonio Junco de la Vega, llamó a los altos picos que bordean a Monterrey "montañas épicas". Fui invitado a la inauguración del monumento dedicado al doctor Salvador Nava Martínez, defensor incansable de la democracia y de la libertad. Pues bien: desde que Gina Hinojosa se postuló candidata demócrata al gobierno de Texas, supe que tenía raíces potosinas, y eso me alegró. Ahora tengo la certidumbre de que la elección de la nueva gobernadora será de beneficio para el gran estado de la estrella solitaria y para las entidades mexicanas limítrofes con él. Por eso le digo a doña Gina, con el mejor estilo mexicano, que en Saltillo tiene una humilde casa. A otros casos y otras cosas paso... "Sé que tu novia tiene un lunar en la pompa derecha". Eso le dijo un tipo a otro en una mesa del Bar Ahúnda. El otro se encalabrinó: "¿Se lo has visto?". "No -admitió el no tan amigo-, pero como que se le siente"... "Le pagaré dos mil pesos a la quincena" -le anunció don Algón al nuevo empleado. Éste se indignó: "¿Dos mil pesos a la quincena? ¡Eso es un insulto!". "Bien -corrigió el ejecutivo-. Se los pagaré al mes, para no insultarlo tan seguido"... El cuentecillo que sigue contiene una palabra propia del vulgacho, pero otra no sirve para los efectos del relato... La nueva gallina del corral puso un huevo desmesuradamente grande. Les dijo a las otras, jactanciosa: "¿Cómo les quedó el ojo?". Ripostó una: "¿Y a ti cómo te quedó el fundillo?". (Nota. Este vocablo aparece registrado en el diccionario de la Academia, lo cual lo justifica un poco)... El recién casado llegó a su depa por la noche y le preguntó, travieso, a su flamante mujercita: "¿Cenamos o lo otro?". ´Bueno -contestó ella-. Pero después cenamos"... FIN.
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