El vuelo
En estos días resulta tristísimo ver las noticias. El mundo se sumerge en una serie de conflictos protagonizados por la violencia. Si se tiene o no razón en azuzar conflictos es otro tema: lo cierto es que nos estamos sumergiendo peligrosamente en guerras de las que no sabremos cómo salir.
En uno de los episodios más bizarros de la Segunda Guerra Mundial, Rudolf Hess, uno de los principales lugartenientes de Hitler, voló hacia Escocia. En paracaídas cayó en una granja, donde el dueño lo detectó y, con toda la flema británica, invitó al enemigo a tomar té. Éste se negó, pero aceptó un vaso con agua y pidió hablar con el Duque de Hamilton. Ya estando frente a él, se identificó con su verdadera identidad. Hess y Hamilton habían coincidido en las Olimpiadas de Berlín en 1936, pero no eran amigos ni mucho menos. Hess quizá se sentía identificado con el inglés y tal vez creía que a Hamilton no le era del todo indiferente a las ideas Nazis y que quizá tuviera acceso al mismo rey para plantear un acuerdo de negociación. Para entonces se sabía que los alemanes pretendían luchar contra Rusia teniendo también abierto el frente británico y la intención de Hess era poder pactar con los ingleses de manera que Hitler únicamente tuviese que lidiar con un solo frente enemigo y no con dos.
Hess, como varios nazis, eran partidarios de pactar con los ingleses y en ciertos temas aliarse. Hitler, sin embargo, no estaba ni enterado del asunto, pero Hess creía que, en su momento, el Fuhrer lo respaldaría. La propuesta de Hess establecía compromisos mutuos, compensaciones económicas, restitución de territorios previos al tratado de Versalles, en fin, una serie de acuerdos que quizá no hubieran estado tan mal, salvo, detallito... que Hitler no tenía ni idea y cuando se enteró que su lugarteniente se había largado, montó en cólera. De hecho, el círculo cercano del Fuhrer, comenzó a decir que Hess se había vuelto loco y que había tomado un avión sin ser consciente de nada.
Hay quien supone que los filonazis ingleses sabían y habían alentado la visita del lugarteniente de Hitler; sin embargo, esto se ha descarto dado el estupor que causó la llegada del visitante. ¿Qué empujó a Hess entonces a volar a terreno enemigo? Tal vez el amor. Hess adoraba a Hitler, y tal vez en aquel momento sentía que Goring estaba ganando su lugar como segundo de abordo y necesitaba hacer una maniobra desesperada para volver al primer lugar del corazón del líder alemán.
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Entre 1939 y 1940 hubo ciertos intentos alemanes para hacer un llamamiento de paz a los británicos, pero para el punto del vuelo de Hess, la cosa había cambiado y Hitler sentía la victoria como segura, entonces, como escribió Albrecht Haushofer, "No hay nada más estúpido que el heroísmo inoportuno"
Al enterarse de personaje que tenían entre manos, Churchill le mandó evaluar psicológicamente para ver si se había vuelto loco. Y no, simplemente era un hombre convencido de que lo que hacía, era lo correcto, que ayudaría a su patria y a su líder.
Con todos los conflictos internacionales que se han desatado y en los cuales irremediablemente va arrastrado el mundo, no vendría nada mal que alguien cruzara océanos para, por muy descabellado que suene, buscar un arreglo de paz, porque, de avanzar, no habrá vuelo que lo pare.
Envío: a la familia Valladares García, por la pérdida de su mamá, que fue finísima amiga de mi familia. Un abrazo.
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