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Familia y escuela Capítulo 305: Asistir a la escuela ¿solo para obtener un número?

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Febrero 18, 2026 03:00 a.m.

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Desde luego que resulta importante el evaluar los conocimientos recibidos durante un proceso educativo, bien sea para diagnosticarlo, realizar el seguimiento de su desarrollo y para obtener evidencia de sus resultados finales para saber si se ha acreditado de manera satisfactoria o para determinar lo contrario.

De la misma manera, una evaluación de los conocimientos adquiridos y retenidos resulta importante para determinar quiénes tienen las características para ingresar a diferentes niveles educativos, mediante los diferentes exámenes de admisión.

Sin embargo, a lo largo de la implementación de dichas formas de obtener una calificación, se ha rebasado los objetivos principales de todo proceso educativo y de los propios propósitos de las diferentes evaluaciones; sobre todo cuando éstas eran concebidas para ubicar avances y diferentes elementos, contenidos, formatos y técnicas didácticas que se pueden subsanar, corregir o mejorar como fruto de utilizar los resultados del proceso.

Menciono que los ideales que fundamentan a las diferentes evaluaciones han sido rebasados, porque en lugar de ayudar a la buena marcha de las enseñanzas y los aprendizajes como motor de la educación, se han colocado como el principal objetivo a lograr con la asistencia a un plantel escolar, es decir, ser parte de un proceso educativo solamente para obtener una calificación representada por un número.

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Recordemos que todo proceso educativo, sobre todo si éste se desarrolla con una visión integral, tiene como principal orientación el lograr el dominio de contenidos, la obtención de conocimientos, la práctica y fomento de valores, habilidades y actitudes para la vida diaria y su formación para el desarrollo armónico en sociedad.

Pero cuando todo el futuro académico, profesional y, sobre todo, personal, depende de aprobar evaluaciones que, generalmente, se representan numéricamente, la obtención de una calificación aprobatoria se vuelve el objetivo principal de todo este proceso.

Desde el nivel preescolar y dos años de la primaria, no son influenciados por la presión de obtener un número como símbolo de la apropiación de conocimientos y todo lo que esto conlleva, pero a partir de lo que sigue, los alumnos, maestros y hasta padres de familia les queda muy claro que se debe asistir a los diferentes planteles escolares para obtener una calificación aprobatoria, para el ingreso al nivel escolar y su permanencia posterior.

Así es, de la obtención de ese número de forma positiva, depende su vida académica al quedar dentro o fuera de un proceso educativo formal; pero esta presión no termina ahí, ya una vez ingresado a un plantel escolar, se tiene que aprobar todas las evaluaciones siguientes, puesto que, si no lo hace de esa manera, corre el riesgo de ser dado de baja y terminar así su trayecto académico.

Una sola de las materias o asignaturas que no apruebe, aun cuando sea por décimas de puntaje, no importando que en todas las demás lleve excelentes calificaciones, sería suficiente para ser dado de baja por la no obtención de un número y terminar de esa forma, con su proyecto de vida.

Además, por si lo anterior no fuera poco, la no obtención de ese número con representación aprobatoria, representa un peso social al ser etiquetado con diferentes adjetivos denostativos y cargados de exclusión: "burro" "inepto" "idiota" "incapaz" y hasta "retrasado mental", reforzando lo anterior con el impacto psicológico de ver pasar rumbo a los diferentes planteles escolares a muchos de sus compañeros que lograron aprobar numéricamente sus evaluaciones.

Lentamente, ante las diferentes experiencias vividas en carne propia, en familiares y compañeros, los cuales se han visto presionados por la obtención de una calificación aprobatoria para sobrevivir y permanecer como parte del proceso educativo, es que un simple número ha adquirido una relevancia tal que, no importando cómo se consiga, se asiste con la conciencia clara de obtenerlo a toda costa.

Las propias familias están conscientes de "cómo se juega el proceso educativo" y apoyan de todas formas para que sus hijos obtengan la numeración estipulada para aprobar y permanecer sin ser echados del sistema: realizan, en lugar de sus hijos, tareas y productos, investigaciones, ensayos y todas las participaciones en las que los puedan suplantar y lograr así su aprobación.

Los propios docentes son conducidos y condicionados, mediante la etiqueta de una "calidad educativa" a ser catalogados como idóneos y de excelencia en su labor profesional, si sus alumnos logran aprobar con las mejores calificaciones, es decir, si la mayoría de ellos obtienen números cercanos a la máxima establecida.

Muchas de las escuelas refuerzan esta dinámica al establecer los cuadros de honor que muestran con orgullo la fotografía de los alumnos destacados por la obtención, nuevamente numérica, de los mejores promedios, incluso, haciendo llegar cartas o reconocimientos a los padres de familia que muestran su orgullo y beneplácito, publicando en redes sociales su logro.

En los niveles educativos superiores, esta representación social de haber obtenido la mayor puntuación promediada durante toda su estancia académica, se realiza mediante ceremonias de reconocimiento especial, bien sea en grandes eventos de graduación o específicamente para premiar el esfuerzo de dichos alumnos, mencionando, incluso, el promedio obtenido, evidentemente de forma numérica.

Bien valdría la pena preguntarnos si un número obtenido durante un proceso escolarizado refleja solamente la adquisición y retención de algunos contenidos y conocimientos o, si también refleja las habilidades, actitudes y valores que una persona ha logrado atesorar.

Como quiera que sea, ante todas las situaciones que conlleva el asistir a una formación escolarizada, el objetivo principal se ha vuelto la simple obtención de un número y como se ha mencionado, para lograrlo se echa mano de todas las acciones para obtenerlo, dejando de lado el sentido primordial del aprendizaje.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx