Familia y escuela Capítulo 342: La educación fría
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No cabe duda de que, la educación, en esa evolución constante e ilimitada que siempre la ha caracterizado, ha llegado a brindar la entrada a formas tan cuantitativas de llevar el proceso que, de manera casi natural y selectiva, ha dejado de lado elementos integrales que conforman las características principales de los seres humanos, propiciando lo que llamo: "Educación fría"
Diversos elementos que han sido relegados de los procesos formativos formales van desapareciendo o simplemente no son tomados en cuenta de manera seria o con la importancia que debieran representar para impulsar una educación que promueva ciudadanos útiles, proactivos, con seguridad en su toma de decisiones y con una estima equilibrada.
Maestros, padres de familia, autoridades educativas y hasta los propios alumnos tienen claro "como se juega este juego" de la educación escolarizada, consistiendo en asistir a un plantel con la firme intención de obtener una fría calificación numérica; en efecto, el impulso y sentido de su presencia escolar debe ratificarse mediante obtener un número por sobre todas las cosas.
Ese número representa el obtener la aprobación para continuar la vida académica, sobre todo en los niveles medio básico, y superior; caso contrario, el simple hecho de no obtenerlo en alguna de las materias o asignaturas, aunque en todas las demás haya obtenido excelentes calificaciones, quedaría fuera de todo el proceso y su trayecto académico terminaría al ser dado de baja del plantel.
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Por ello, se hace todo lo posible, incluyendo memorizaciones sin sentido, formas distintas de copiar y obtener respuestas de evaluaciones, adular al maestro o maestra para obtener algo de protección, beneficios y hasta lástima, reunirse con compañeros a los que se les obliga literalmente a brindar el apoyo en tareas, productos y a resolver ejercicios solicitados y presentarlos como propios y un sinfín de estrategias, todo por obtener esa calificación.
Este formato de educación ha caído en una fría polarización que solo admite dos formas de presentar resultados: o blanco o negro, aceptado en un plantel o no aceptado, incluido o excluido, aprobado o no aprobado, bueno o malo, aplicado o burro, éxito o fracaso, continuar los sueños de ser profesionista o estar condenado a otra manera de ganarse la vida; ser un miembro útil y productivo o ser Ni Ni.
Además, ya una vez iniciadas las labores académicas, las dinámicas que se efectúan para enseñar y aprender, se han transformado en frías transferencias del conocimiento, en las cuales se privilegia el vaciar, en tiempo y forma, los contenidos de un plan de estudios en la mente de los alumnos, no importando su comprehensión o uso en la vida cotidiana, sino solamente con el objetivo de que se pueda mantener en su memoria a corto plazo y en la evaluación logren conservar y obtener una numeración aprobatoria.
Incluso, estas notaciones estadísticas son las que dan cuenta del avance y éxito educativo, como muestra fría de una calidad educativa, la cual nunca llegó a tomar en consideración si se promovieron y practicaron (no enseñaron) valores, actitudes, acciones de solidaridad o emociones; porque, aunque estas últimas se hayan planteado ser atendidas y enseñadas durante una hora semanal, aun así, lo que define el éxito y la calidad obtenida en las escuelas son los niveles de aprobación numéricos.
Los docentes, de manera profesional se dedican a transferir el conocimiento, tal y cual se les fue inculcado en sus escuelas formadoras de pedagogos, algunos de manera tradicional y otros utilizando todos los fríos artilugios digitales y virtuales más modernos, para estar a la vanguardia de la modernidad, incluso utilizando ya la Inteligencia Artificial (IA) para todas sus actividades de planeación, enseñanza y hasta para evaluar, solicitando a los alumnos que actúen de la misma manera utilizando dichas herramientas digitales.
Para estos casos, no cabe duda que en los diferentes niveles educativos se muestra ante alumnos, padres de familia y hasta a la sociedad misma, que el profesionalismo docente ha llegado a trastocar los límites para educar de manera sistemática, fría y casi como si estuviéramos alimentando a un robot o computadora con alguna mejora, chip o programa, mediante el cual se espera que todos los que recibieron ese tipo de educación, respondan y usen lo aprendido de la misma manera y con el mismo formato, para demostrar la calidad educativa obtenida.
Toda esta frialdad a la que nos hemos venido acostumbrando y hasta asombrando por todos los avances logrados, ha tenido un costo muy caro en los procesos formativos de los alumnos, elementos que van desde una despersonalización para llegar ser convertidos en cifras, igual de frías que un número de lista o una calificación que solo refleja un acto de memoria, hasta el "descrédito nacional" por los resultados de las pruebas estandarizadas aplicadas por PISA en donde se muestra que "México se encuentra por debajo del promedio de los países miembros en todas las áreas evaluadas, con un rezago generalizado en donde 4 de cada 10 estudiantes se ubican por debajo del nivel básico" (IA).
Que, ante ello, tanto el padre de familia, algunos docentes y, sobre todo, los alumnos evaluados o no, muestran una falta de atención y frialdad, al no sentirse implicados, para seguir en la búsqueda en su microespacio de una calificación otorgada por su maestro y nada más.
La educación desde humanos para humanos está siendo rebasada por máquinas, procedimientos, dinámicas y hasta procesos virtuales que demuestran que son exactos y actúan sin sentimentalismos ni paternalismos; entre este desarrollo educativo quedamos los padres de familia y docentes que no nos sentimos parte de un número frío y que todavía nos interesa recuperar lo que nos caracteriza como seres con errores y aciertos, que enseñamos y aprendemos mejorando de ellos.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx



