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Frase verdadera

Por Catón

Mayo 12, 2026 03:00 a.m.

A

"Quiero saber de sexo". Eso le dijo Tirilita, muchacha adolescente, a su progenitor. El señor tosió, confuso, y le indicó a su hija: "Habla con tu mamá". "No -opuso Tirilita-. No quiero saber tanto"... Galactina Pompasí era la mujer más guapa del lugar. La madre naturaleza se había mostrado con ella especialmente maternal, y la dotó con generosidad de numerosos atractivos tanto de rostro como corporales. La bella y voluptuosa fémina no sólo detenía el tránsito cuando pasaba por la calle: también hacía que los ángeles de la guarda se distrajeran, lo cual ocasionaba un aumento en la tasa de accidentes. Los principales encantos de la dama residían en el opimo busto y en el enhiesto, firme y abundoso tafanario. Sus piernas (Nota de la redacción: Nuestro estimado colaborador se extiende durante 14 fojas útiles y vuelta en la detallada descripción de las bellezas de la dama mencionada, descripción que, aunque sumamente interesante, nos vemos en la penosa necesidad de suprimir por falta de espacio). Un joven feligrés del padre Arsilio fue a confesarse con el sacerdote. Le dijo: "Acúsome, padre, de que anoche follé con Galactina Pompasí". De inmediato le informó el confesor: "No podré darte la absolución". "¿Por qué?" -preguntó el mancebo, desconcertado. Explicó el padre Arsilio: "Uno de los requisitos fundamentales para recibir la absolución es el arrepentimiento, y estoy seguro de que tú no estás arrepentido"... Un pueblo ineducado es un pueblo encadenado. Sonorosa es esa frase, ciertamente, pero poco merecedora de ser inscrita en bronce eterno o mármol duradero. Hay frases que sí pueden aspirar a esa forma de perennidad, como por ejemplo: "Va mi espada en prenda. Voy por ella", de Guadalupe Victoria, o esta otra de carácter más popular: "Un pendejo callado es oro molido", del Chaparro Tijerina. Pero ésa del pueblo ineducado y encadenado deberá darse por bien servida si alguien la inscribe en plastilina verde. Aun así la tal frase es verdadera. En nuestro país la calidad educativa ha llegado a la altura del betún. El betún es la grasa con la cual se lustran los zapatos, y esa pedestre bajura le han dado a la educación los cuatroteros del actual sexenio y los que tanto dañaron al país en el anterior. Un pueblo sin educación es un pueblo pobre, y un pueblo pobre es fácil de comprar. Tal cosa vemos en nuestro pobre país, donde Morena se ha comprado una fiel y sumisa clientela electoral pagándola con el dinero que deriva del trabajo de los contribuyentes. El resto de quienes dan su voto a ese partido lo hacen ya sea por dogmatismo o por pancismo. Según muestran los parámetros internacionales, en cuestión educativa México ocupa hoy por hoy uno de los últimos lugares del planeta. Y si no estamos en el último lugar es porque copiamos en el examen... El enamorado mancebo le pidió a su novia que se casara con él. Ella era mujer práctica -todas lo son, en tanto que los varones tendemos más bien a ser teóricos-, de modo que le dijo: "Me casaré contigo cuando juntes un millón de pesos". Pasó un par de meses, y una noche fueron los dos al Ensalivadero, lugar alejado de la ciudad al que acuden las parejitas en trance húmedo. No necesito decir que ahí hubo besos, abrazos y caricias encendidas. Respirando agitadamente ella le preguntó a él: "¿Cuánto dinero has juntado?". Respondió él acezando con similar excitación: "300 pesos". Dijo la muchacha: "Vamos a casarnos. Ya no te falta mucho"... En la barra del Bar Ahúnda el atrevido galán le preguntó a la linda chica a quien acababa de conocer: "¿Cuántas copas se necesitan para ponerte beoda?". "Con tres tengo -respondió ella-. Pero no me llamo Beoda". (No le entendí)... FIN.