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La indefendible FIFA

Por Catón

Julio 14, 2026 03:00 a.m.

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    Preguntas y respuestas

      El señor Trisagio le comentó a su esposa Tebaida: "El proceso contra  Maduro será oral y público". "¡Mano Poderosa! -se escandalizó la señora-.  ¡Si es oral no debería ser público!". (Nota. Esa jaculatoria: "¡Mano  Poderosa!", alude a una antigua estampa del catolicismo en la cual aparecía  una mano abierta que mostraba en cada dedo a Jesús, María y José, y a Santa  Ana y San Joaquín, los ancianos padres de la Virgen)... Los hechos de la vida  se encadenan en forma misteriosa. Nadie se asuste: no me propongo hacer una  disertación filosófica. Diré sólo que la expresión call girl nació en Estados  Unidos alrededor de 1900, con la propagación del recién inventado teléfono.  Ya desde entonces los servicios de una call girl se contrataban  telefónicamente, de ahí el nombre. Don Algón, ricacho ejecutivo, era dado a  placeres de voluptuosidad lasciva, pese a ser pilar de la comunidad. Se valió  del teléfono, discreta vía, para citar en su departamento de soltero a una call  girl. (Los departamentos de soltero son generalmente de casados). Tras  cumplirse el inmoral contrato el vejancón le preguntó a la chica cuánto le  debía. "Son 100 pesos, señor" -respondió ella. "¿100 pesos? -se asombró don  Algón-. ¿Por qué tan poco?". "Bueno -explicó modestamente la muchacha-.  Es que también le hago un poco al chantaje". Demasiado tarde el libidinoso  empresario se dio cuenta de que la muchacha había tenido funcionando el  video de su celular durante todo el episodio erótico... Muchas veces he  confesado, sin arrepentirme y sin pedir absolución, mi unánime ignorancia en  materia de futbol. Todo lo desconozco acerca de ese juego. No lo digo por  jactancia, sino por sinceridad. Estoy muy lejos de pertenecer al número de  quienes por esnobismo, diletantismo o mimetismo hacen de cada partido una  gesta semejante a la guerra de Troya o a la batalla de Waterloo. Detesto la  manera en que algunos cronistas -¿todos?- gritan "¡Goooooool!", después  seguramente de tomar aire para prolongar lo más posible el automatizado  grito. Encuentro deplorable la conducta de muchos aficionados cuyo  homofóbico clamor: "¡Eeeeehh puto!" sigue desprestigiando a México, y que  hacen de sus manifestaciones un caótico tumulto con riesgo hasta de muerte.  Me parece ridículo que un partido en el cual han participado 22 jugadores -¿son 22?- se decida a veces por el encuentro entre dos: el infeliz portero  sobre quien recae toda la responsabilidad, y el jugador que tira al arco -que no  es arco- con el temor de fallar el tiro y convertirse en villano por el resto de su  desdichada vida. Mi supina falta de saber en materia de futbol no me impide  observar el cochinero que es la indefendible FIFA, integrada en su mayoría  por una caterva de bribones mercaderes del deporte. La crematística creación  de Infantino, ésa de la "pausa de hidratación" aun en temperaturas gélidas, y la  manera lacayuna en que cedió ante Trump son evidencia de la corrupción  reinante en ese deporte, en donde los valores que deben presidir el ejercicio  deportivo andan por lo general al nivel de las extremidades inferiores,  principal herramienta del soccer. Pido a los aficionados al futbol desatender  estas digresiones, nacidas, ya lo dije, de mi total ignorancia de ese juego. El  más violento que en mi vida he practicado es el ajedrez, de modo que mis  opiniones en materia de futbol no son para tomarse en cuenta. Y me temo que  lo mismo podrá decirse acerca de mis opiniones en cualquier materia. Rubrico  esa declaración haciendo mío el dístico de Ramón López Velarde: "Yo sólo  soy un hombre débil, un espontáneo / que nunca tomó en serio los sesos de su  cráneo..."... FIN.