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La reforma no propuesta

Por José Ramón Jiménez Martínez

Febrero 12, 2026 03:00 a.m.

A

No hay nada más difícil de emprender, 

ni más dudoso de hacer triunfar, 

ni más peligroso de administrar que 

la elaboración de un nuevo orden.

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Nicolás Maquiavelo

La propuesta formal de reforma electoral no llega al Congreso de la Unión y los tiempos que estipula la norma se agotan, limitando la posibilidad de su entrada en vigor en las elecciones intermedias de 2027.

Desde mil novecientos cincuenta y tres a la fecha, se han instituido alrededor de cincuenta reformas en materia político-electoral; algunas de gran calado como la de orden político que reconoce el derecho al voto femenino o la de la década de los setentas del siglo anterior que integra a la competencia política la participación de los grupos de izquierda; otras de orden político administrativo como la instauración del instituto electoral descentrado de la secretaría de gobernación, entre otras. 

Una reforma más pareciera no ser motivo de tanto jaloneo político (negociación, dirían los avezados en el tema) y especulación social.

Aceptémoslo o no, el poder presidencial ha sido el fiel de la balanza y, al respecto, en nuestro país ha vivido momentos de maniobra estrecha o de amplio poder político. Pareciera que esta vez el margen de maniobra encuentra resistencias a los términos de la propuesta para una reforma conforme al interés de la presidenta CSP.

En forma simple, podemos entender que toda propuesta de reforma tiene como sentido último conservar el poder; aún cediendo espacios o cotos de poder.

Tres versiones sobre los objetivos de la propuesta (que no se conoce formalmente) se divulgan mayormente: la de la oposición (quienes no detentan el poder político en forma mayoritaria) quienes establecen que la pretensión presidencial es alcanzar un Estado totalitario que suprima libertades y órganos de contrapeso; la de la resistencia de los aliados, que plantea que el objetivo de la reforma atenta contra la distribución de canonjías (puestos y presupuesto) a quienes han apoyado para la consecución del poder y, la tercera, con menor impacto, correspondiente al grupo en el poder (un subconjunto dentro de morena) que trata de colocar, sin éxito hasta ahora, la versión de una reforma para contener la corrupción, el dispendio y favorecer con ello a la sociedad.

Digamos que la reforma en disputa integra en mayor o menor medida los objetivos o parte de los objetivos que se ventilan en la opinión pública; mayor control estatal, menores canonjías a los asociados políticos, contención de la corrupción y dispendio en los procesos electorales. Lo cierto es que no hay entre los grupos participantes la capacidad o fuerza suficiente para inclinar a su favor las negociaciones y alcanzar un acuerdo que permita la propuesta formal de reforma. La que, sin duda, ya planchada en sus términos, será votada y publicada como tal.

La cuestión es, si la presidencia (insisto, el grupo en el poder) logrará alcanzar los espacios suficientes para maniobrar desde el Congreso conforme a las ideas que le permitan conservar el poder y/o ampliarlo o, la resistencia y la oposición conservarán sus cotos de poder para ir a la disputa electoral en condiciones que les restituyan el poder.

Tras bambalinas se tejen las redes del futuro entramado político del país; la moneda está en el aire y la presidencia se juega su capacidad de maniobra en la presente negociación.

Lo relevante es no olvidar aquella frase que citó Carlos Salinas de Gortari en el 2018 ante la llegada al poder de la oposición, "si al presidente le va bien, a México le va bien"... 

joseramonuhm@hotmail.com