Los ejes de la reforma Parte III. Lo que no dice la iniciativa
Finalmente se presentó la iniciativa de reforma electoral que la presidencia de la república remite a la Cámara de Diputados para el inicio de su trámite legislativo. El documento no tiene grandes novedades con respecto a lo que se anticipó desde la semana pasada: no elimina por completo la representación proporcional, pero sí modifica de manera importante su lógica. Parte de la anunciada idea de que una parte mayor de la representación dependa de votos efectivamente obtenidos y no sólo de listas definidas por las dirigencias partidistas. Pero el Senado, la modificación es mucho más visible al desaparecer las 32 senadurías plurinominales, con lo que quedaría integrado por 96 escaños: tres por cada entidad y por la Ciudad de México, conservando la primera minoría.
Aquí una primera advertencia de lo que no dice la reforma: me puse a hacer cuentas y encontré que la eliminación de los 32 escaños de representación proporcional transformaría el equilibrio de poder en el Senado. Si el Senado estuviera compuesto hoy con la regla propuesta, se reduce la pluralidad en favor de las fuerzas mayoritarias. Al pasar de 128 a 96 legisladores, el bloque oficialista incrementaría su control relativo del 67.9% al 72%, consolidando una hegemonía que facilitaría reformas constitucionales sin necesidad de consenso con la oposición (recordemos que se necesita el 66% del voto aprobatorio de la Cámara). Este cambio golpearía severamente a partidos como MC o el PRI, cuya presencia depende en gran medida de la votación nacional y no de triunfos territoriales directos; en la práctica, esto significa que mientras Morena y sus aliados fortalecerían su peso específico en la Cámara Alta, las voces minoritarias verían reducida su representatividad a niveles marginales. Permítame ser claro y honesto. No estoy afirmando que el proyecto consiste en limitar el debate democrático a una visión predominantemente bipartidista o de bloque único. Pero sí debemos advertir, lisa y llanamente, que la medida concentra la representación en pocos partidos.
En el tema del financiamiento. La propuesta de ajustar el multiplicador de la UMA del 65% al 48.75% constituye un recorte directo de una cuarta parte del sustento operativo de los partidos. En términos reales, esto significaría retirar cerca de 1,840 millones de pesos anuales de la bolsa de los partidos. Si bien la narrativa de austeridad de los recursos a los partidos suele ser bien recibida entre la ciudadanía, el efecto técnico de esto es una centralización del poder: los partidos pequeños tendrán finanzas más ajustadas, mientras que la fuerza mayoritaria mantendría una ventaja comparativa basada en su volumen de su financiamiento. Déjeme ilustrar con una metáfora: imagine que se establece una reducción generalizada de una cuarta parte de los ingresos de todas las personas, ricas y pobres. Detrás de los números absolutos hay una situación para advertir, la medida no afecta igual ya que si bien los partos minoritarios dejarán de recibir menos recursos en términos absolutos, se afecta en mayor medida en función del dinero que reciben para hacer lo que hacen. Le doy un dato: el día de hoy Morena recibe más dinero que PT, PVEM y MC juntos. ¿Comprende lo que quiero decirle?.
Lo que para el discurso oficial representa un ahorro histórico de austeridad, para el sistema de contrapesos significa una ruta hacia la concentración: menos voces en el Congreso y menos recursos para financiarlas, dejando el tablero político a merced de los jugadores mayoritarios.
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La caminera
Hay que visibilizar que la reforma propone derogar la atribución constitucional de los institutos electorales en materia de educación cívica. Esa que por años ha tratado de construir ciudadanía desde la noción de que participar va más allá del ejercicio del voto. Hay de dos. O el estado está abdicando esa responsabilidad o la pone en manos de alguien más. Lo que sea que ello implique.
X. @marcoivanvargas




