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Sentido práctico

Por Alfonso Lastras Martínez

Septiembre 20, 2026 03:00 a.m.

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      En su enciclopedia "Historia Natural", el escritor y militar romano Cayo Plinio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, escribió acerca de las pirámides de Egipto: "También hablaré algo de las pirámides del mismo Egipto, aquella ociosa y necia ostentación del dinero de los reyes. Muchos dicen que fueron construidas para que sus tesoros no quedaran a merced de los sucesores o de quienes, con engaños y astucias, pudieran apoderarse de ellos, y también para que el pueblo no permaneciera ocioso. Acerca de esto fue grande la vanidad de aquellos hombres; y todavía hoy se ven señales de muchas pirámides que quedaron sin terminar". 

      Si bien Plinio el Viejo después agrega: "Pero entre las cosas maravillosas y dignas de memoria de Egipto se cuentan las cumbres y remates de estas pirámides, que se dice que son de extraordinaria altura", queda claro que el escritor no sentía un particular aprecio por la vanidad de los faraones egipcios.

      En contraste con los egipcios, los romanos de la Antigüedad adoptaron un punto de vista más práctico y, en lugar de dirigir sus esfuerzos a la construcción de gigantescas pirámides, se abocaron a desarrollar una extensa red de caminos para conectar el territorio de la República romana primero y del Imperio romano después. En el momento de máximo esplendor de este último, durante el siglo II d. C., dicha red llegó a sumar casi 300 000 kilómetros, e incluía tanto caminos que existían desde épocas prerromanas como vías de nueva construcción.

      Dado que Roma era la capital del Imperio en su época de máximo esplendor, una idea extendida es que la red de caminos giraba a su alrededor. De hecho, es precisamente de esta idea de donde habría surgido el dicho: "Todos los caminos conducen a Roma". No obstante, tal parece que no era realmente así, como concluye un artículo publicado esta semana en la revista "Nature Communications". El artículo fue elaborado por un grupo de investigadores encabezado por Adam Pazout, de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca.

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      Pazout y sus colaboradores llegan a esta y otras conclusiones a partir de un estudio en el que buscaron averiguar diversos detalles sobre el sistema de caminos del Imperio romano alrededor del año 150 d. C, cuando el imperio estaba en esplendor. En particular, tenían interés en determinar qué tan cierta es la creencia de que los caminos romanos eran rectos y se distribuían alrededor de Roma. Los investigadores basaron su estudio en los datos del proyecto Itiner-e, que constituye el mapa digital más detallado que existe sobre la red de caminos romanos, y que está disponible en internet.

      A la pregunta ¿Cuán rectas eran las calzadas romanas?, Pazout y sus colaboradores contestan: "Nuestros resultados pueden aportar elementos a los debates en curso para reevaluar lo que tradicionalmente se ha considerado la red de caminos más rectos de la antigüedad, al poner de relieve cómo el entorno físico condicionaba la construcción de las vías y cómo, en ocasiones, se optaba por rutas más cortas, pero más sinuosas. Concluimos que Roma creó una red caminera en la que se priorizaban sistemáticamente los trazados rectilíneos siempre que el terreno lo permitía; sin embargo, a escala de todo el imperio, la creencia generalizada de que las calzadas romanas eran uniformemente rectas no es exacta. Este patrón sugiere una planificación orientada a mejorar la directividad y la eficiencia dentro de las limitaciones tecnológicas y topográficas, en lugar de buscar la rectitud a toda costa".

      Escriben, igualmente: "A pesar del dicho ´todos los caminos llevan a Roma´, grandes ciudades como Antioquía, Ancira, Bizancio y Corinto gozan de una ubicación más favorable que Roma para actuar como nodos intermedios en la movilidad terrestre de todo el Imperio. Roma ocupa una posición central en la península itálica, pero no al nivel de todo el Imperio".

      El sistema de caminos romanos constituyó una red de comunicación de una extensión asombrosa, a un grado tal que, si las calzadas que la formaron hubieran sido puestas todas en línea, una seguida de la otra, hubieran dado siete vueltas a la Tierra. Por otro lado, Pazout y colaboradores encuentran que la función primordial de dicha red de comunicación era facilitar la comunicación a nivel regional –para recolectar impuestos, por ejemplo–, más que comunicar a los extremos del imperio. En este sentido, habría que modificar el dicho "Todos los caminos llevan a Roma", añadiendo: "pero solo los que no estaban demasiado lejos".  

      Por otro lado, al margen de su importancia primordial a nivel regional, la red de caminos romanos constituía una red de comunicación que conectaba a un territorio de más de cinco millones de kilómetros cuadrados. Por ella circulaban no solamente soldados y mercancías, sino también costumbres, religiones, ideas, tecnologías y enfermedades. Y todo esto, para bien o para mal, fue posible, al menos en parte, por el sentido práctico de los romanos, que construyeron caminos en lugar de pirámides.