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Sin privilegios

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Febrero 24, 2026 03:00 a.m.

A

La lucha contra los privilegios fue el motor de la Revolución Francesa de 1789, de acuerdo con las aportaciones que hiciera uno de sus más lúcidos ideólogos, Emmanuel José Sieyés, mediante una serie de folletos entre los que cabe mencionar el más conocido acerca del "tercer Estado", esto es, el pueblo llano históricamente marginado y que se convertirá en el protagonista central para subvertir el orden social y político imperante, la representación legítima de la nación, capaz de expresar su voluntad general en una nueva Constitución. En el "Ensayo sobre los privilegios", de noviembre de 1788, se preludia la tormenta que vendrá después, con el demoledor cuestionamiento a los excesos de la nobleza y el clero, considerados como inútiles socialmente y contrarios a los principios de libertad e igualdad. En suma, la reivindicación del pueblo como agente transformador de la realidad, 

     Sirva lo anterior para entender, guardadas las proporciones de tiempo y lugar, el sentido y alcance de una medida como la que ha planteado la presidenta Claudia Sheinbaum con respecto a la supresión de pensiones desmesuradas para puestos de confianza en entidades públicas y que, sabido es, fueron el filón más codiciado de una alta burocracia de gobiernos sin principios éticos y que se tradujeron en robos descarados en despoblado a la nación, con beneficios personales de hasta un millón de pesos mensuales. Al poner un tope de 50 por ciento del salario presidencial para ex-funcionarios que, partir de la reforma legal que se pretende, estén en esa condición, se estima un ahorro de 5 mil millones de pesos que podría beneficiar a muchos ampliando la cobertura de programas sociales. En vez de los pocos muchos, diría Ramón de Campoamor, "que valgan más los muchos pocos".

     ¿Y quiénes son, cual botón de muestra, algunos de los pobres angelitos que se despacharon con la cuchara grande como funcionarios y se beneficiaron de actos evidentes de corrupción para hacerse de pensiones doradas, sin mayor mérito que el de disponer del poder público como patrimonio propio? Pues allí están sujetos de triste memoria como el último regente del Distrito Federal, Oscar Espinosa Villarreal y José Ángel Gurría, ex-secretario de Hacienda mejor conocido como "el ángel de la dependencia", por su peculiar estilo de subordinación a políticas económicas dictadas desde el exterior, muy propias de los gobiernos neoliberales que antecedieron a la cuarta transformación.

     Tan grave era la corrupción política y moral de los gobiernos anteriores que hasta las palabras del Papa Francisco, cuando visitó nuestro país, no tuvieron desperdicio para refrescarles la conciencia a quienes no parecían tener mucha prisa para tomarse en serio la podredumbre moral que los ahogaba, es decir, a buena parte de la clase política que se hacía la desentendida cuando el alto jerarca de la Iglesia Católica les  recordó que "los privilegios o beneficios de las minorías van en detrimento del bien de todos y (eso) se convierte en terreno fértil para la corrupción, la exclusión, la violencia y la muerte". El entonces presidente Peña Nieto, acomodaticio, asumió el llamado papal de tender puentes capaces de guiar el camino del compromiso solidario como "un diálogo que se debe hacer... ¡entre dirigentes!", dejando de lado al pueblo.

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     En fin, el punto a destacar es que la presidenta Sheinbaum muestra una vez más la determinación de hacer de México un país más igualitario y justo, por lo que la reforma que propone es más que necesaria.