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Calles del norte capitalino, abandonadas

"Algo Grande Está Pasando"... pero en el norte de San Luis Potosí siguen esperando el pavimento

Por Rolando Morales

Noviembre 08, 2026 03:00 a.m.

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Calles del norte capitalino,  abandonadas
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      Entre calles convertidas en lodazales, accesos escolares sin banquetas y solicitudes que acumulan más de un año sin respuesta, habitantes de la zona norte de la capital enfrentan problemas que van más allá de los baches. El Ayuntamiento de San Luis Potosí reportó un gasto de apenas 5.74 millones de pesos en pavimentación durante el primer semestre de 2026, pese a contar originalmente con más de 142 millones para ese rubro.

      "Algo Grande Está Pasando en San Luis Potosí", dice el eslogan de la alcaldía. Y sí: en la zona norte, cuando llueve, el agua convierte calles en lagunas, los automóviles avanzan como pueden y las familias hacen equilibrio entre el lodo para llevar a sus hijos a la escuela. Cuando deja de llover, la escena cambia, pero no mejora: el barro se seca, la tierra se levanta y el polvo acompaña a estudiantes, trabajadores y vecinos. Lo que no cambia es la espera por el pavimento, una obra elemental que, en distintas colonias, lleva años instalada en el terreno de las promesas.

      La calle Francisco I. Madero, en la colonia Mártires de la Revolución, es uno de los ejemplos más persistentes. Desde abril de 2025, sus habitantes han solicitado formalmente la pavimentación del tramo que conecta la avenida de las Torres con Adolfo López Mateos, una vialidad que también comunica con Imperio Azteca y sirve como paso para estudiantes de preescolar, primaria, secundaria y preparatoria. En octubre de 2026, la exigencia sigue vigente. La petición ya cumplió más de un año y medio de trámites sin que los vecinos tengan, de acuerdo con sus denuncias, una respuesta que se traduzca en una obra.

      El problema tampoco comenzó con las lluvias recientes. Durante recorridos y testimonios recopilados desde 2025, residentes señalaron que la calle llevaba más de una década sin una rehabilitación integral. En abril de ese año explicaron que el mal estado de la superficie había provocado que la Ruta 6 modificara su recorrido para evitar daños a las unidades. La consecuencia para los usuarios fue tener que caminar hasta otras vialidades para abordar el transporte público. La calle, que debería conectar colonias y facilitar el traslado, terminó convertida en un obstáculo para quienes dependen de ella todos los días.

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      Lluvias y lodo

      En temporada de lluvias, el acceso al Circuito Las Palmas se inunda y dificulta la entrada de vehículos a las viviendas. Los automovilistas buscan los tramos menos dañados para evitar afectaciones a las suspensiones, mientras peatones y ciclistas comparten una superficie irregular sin banquetas claramente delimitadas. Los niños caminan por donde pueden, entre charcos, piedras y vehículos que intentan esquivar los desperfectos. Cuando el agua desaparece, el polvo ocupa su lugar. La transformación es estacional; el deterioro, permanente.

      Los testimonios vecinales describen dificultades para conseguir taxis que ingresen hasta sus domicilios, especialmente cuando llueve o durante la noche. Algunos residentes también han denunciado asaltos y episodios de violencia, que atribuyen en parte a la escasa iluminación y a los espacios abandonados. Son señalamientos ciudadanos que requieren atención y verificación de las autoridades, pero que dimensionan la preocupación cotidiana de quienes viven allí. 

      La espera de Francisco I. Madero tiene, además, una dimensión administrativa. Los vecinos entregaron solicitudes desde 2025 y han insistido en que la vialidad sea incluida en los programas de pavimentación. Para las familias, el paso del tiempo se mide en traslados complicados y niños que llegan a la escuela con los zapatos cubiertos de lodo o polvo. Para la autoridad, la solicitud permanece en el terreno de los registros, sin una solución material acreditada.

      Los niños, afectados

      En Los Salazares, el acceso al jardín de niños Jesús Silva Herzog ofrece otra imagen de esa misma problemática. La segunda privada de Los Salazares, por donde ingresan las familias al plantel, presenta tramos de terracería, lodo, encharcamientos y una superficie resbalosa cuando llueve. 

      Las familias deben llevar a los menores por los bordes de la calle para evitar los charcos, con el riesgo de resbalar o compartir el espacio con vehículos. Una madre de familia planteó que, al menos, se construyera una banqueta para caminar sin caer en el lodo. La petición revela el nivel de urgencia al que se ha reducido la expectativa: antes de hablar de una calle rehabilitada, algunos habitantes consideran aceptable contar con un espacio peatonal básico. Sin embargo, una banqueta aislada tampoco resolvería las deficiencias de una vialidad que necesita una intervención integral.

      El acceso al jardín no es el único punto con dificultades en Los Salazares. La calle principal también requiere atención y, de acuerdo con el recorrido, hay tramos donde el pavimento o la carpeta asfáltica desaparecen. La presencia de basura en algunos sectores añade otro problema que requiere limpieza y vigilancia para evitar que personas ajenas a la colonia utilicen los espacios como tiraderos. También se advirtió sobre una posible deficiencia en el drenaje que necesita revisión. Hasta ahora, la información disponible no establece un calendario de obras ni compromisos concretos para rehabilitar los accesos escolares.

      Denuncia reiterada

      La situación se repite en la Primaria Oficial Profesor Francisco González Sánchez en la colonia Tercera Grande 2, a la que se llega por las calles Los Arbolitos y Prolongación Adolfo López Mateos, ambas señaladas por vecinos por la falta de pavimento. Los padres de familia han denunciado durante al menos dos años la presencia de lodo, agua estancada, piedras, escombro y maleza. No es un problema exclusivo de una jornada de lluvias: la denuncia apunta a condiciones que se mantienen desde hace tiempo y que se vuelven más visibles cuando las precipitaciones dificultan todavía más el tránsito.

      Los alumnos de entre seis y doce años deben cruzar esos tramos a diario para llegar a clases. La mochila, el uniforme y el horario escolar no cambian según el estado de la calle; el recorrido, en cambio, se vuelve más complicado cuando hay que buscar un paso entre el agua y el barro. Las familias han solicitado una respuesta con fechas y acciones, no solamente un nuevo número de reporte. La exigencia es especialmente relevante porque se trata de un acceso escolar: la seguridad del trayecto forma parte de las condiciones que permiten a los menores acudir a clases sin exponerse a riesgos evitables.

      En ambos planteles, las denuncias tienen un punto en común: la falta de una ruta peatonal segura. En Los Salazares, una banqueta aparece como solución mínima ante el lodo; en Los Arbolitos y Prolongación Adolfo López Mateos, la petición es pavimentar los accesos para evitar que los niños transiten entre charcos, piedras y maleza. No son demandas de infraestructura ornamental ni proyectos de imagen urbana. Son calles utilizadas diariamente por familias que necesitan llegar a la escuela y regresar a casa. Que la temporada de lluvias agrave las condiciones no convierte el problema en temporal: únicamente lo hace más difícil de ignorar.

      Problema amplio

      Los tres casos Francisco I. Madero, los accesos al jardín de niños Jesús Silva Herzog y las calles que conducen a la Primaria Oficial Profesor Francisco González Sánchez comparten una misma consecuencia: las malas condiciones de las vialidades afectan la movilidad cotidiana y castigan especialmente a quienes caminan o dependen del transporte público. También muestran que el deterioro no puede atribuirse únicamente a las lluvias. Las precipitaciones hacen visibles las deficiencias; la falta de rehabilitación es la que permite que se acumulen año tras año.

      Las cifras del propio Ayuntamiento ofrecen un contexto para dimensionar la distancia entre las necesidades denunciadas y el gasto reportado. En una respuesta de la Dirección de Obras Públicas, fechada el 2 de octubre de 2026 y correspondiente a la solicitud de información con folio 240474426000500, el municipio informó que ejerció 5 millones 748 mil 728.50 pesos en pavimentación entre enero y junio de este año. El monto equivale a 4.05 por ciento de los 142 millones 50 mil 799.18 pesos que tenía asignados originalmente para ese rubro en el ejercicio fiscal.

      La dependencia reportó seis intervenciones durante el semestre. En conjunto, las seis obras sumaron los 5.74 millones de pesos informados por el municipio. La diferencia entre el presupuesto original y el gasto reportado asciende a 136 millones 302 mil 70.68 pesos. 

      La misma respuesta municipal informó que recibió 119 solicitudes ciudadanas de pavimentación entre enero y junio de 2026. Sin embargo, no precisó cuántas se convirtieron en obras concluidas, cuántas fueron consideradas viables, cuántas quedaron programadas para después ni cuántas fueron rechazadas. El Ayuntamiento señaló que todas las solicitudes son atendidas en el sentido de que se reciben e ingresan al sistema municipal. Es una distinción administrativa importante: registrar una petición no significa autorizar una obra, asignarle presupuesto ni resolver el problema denunciado.

      En ese escenario, las denuncias de la zona norte no pueden leerse como una lista aislada de calles en mal estado. Son parte de un problema más amplio de atención, prioridades y seguimiento de las demandas ciudadanas. Las familias de Francisco I. Madero llevan más de un año esperando una respuesta formal que se traduzca en pavimento; las de Los Salazares piden condiciones seguras para llevar a sus hijos al jardín de niños; los padres de la Primaria Francisco González Sánchez reclaman una intervención en sus accesos.