Treinta años aprendiendo a mirar el cielo

La cetrería no se trata de domesticar a un ave rapaz, sino de construir un vínculo con ella. José Manuel Rosillo, cetrero de San Luis Potosí con 30 años de experiencia, explica cómo esta práctica combina conocimiento, paciencia y respeto por la naturaleza.

Este arte, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se practica desde hace más de 4 mil años. Hasta la fecha se mantiene fiel a su propósito: dejar que el animal sea libre y explore su naturaleza como cazador, observando, calculando y decidiendo, mientras, en tierra, el cetrero observa.

Para José Manuel Rosillo, una de las claves para entender la cetrería es "no entrenar al ave como se entrenaría a un perro, sino generar un vínculo de confianza que nos permita trabajar juntos".

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"Hay un punto en el que estás volando tu halcón en el que te conviertes en un observador y es el halcón quien hace todo".

Dos formas de volar

La cetrería se divide principalmente en dos modalidades: alto vuelo y bajo vuelo. En el alto vuelo se utilizan generalmente halcones y la caza se enfoca en otras aves. En el bajo vuelo, en cambio, se utilizan aves como el aguililla de Harris y las presas suelen ser pequeños mamíferos, como liebres, conejos y ardillas.

José Manuel Rosillo practica la modalidad de alto vuelo con halcones peregrinos y tiene una especial afición por la caza de patos.

"Tú les vas a presentar mejores oportunidades en las que ellos puedan cazar y es como vas generando ese vínculo".

Confianza y constancia

Para crear ese vínculo es importante comenzar desde el primer año, en su primera temporada de caza. La convivencia también exige constancia, prácticamente a diario.

La cetrería mexicana utiliza aves que provienen generalmente de criaderos que cuentan con sistemas de identificación, lo cual permite conocer su procedencia.

Aunque es un deporte que cada vez cuenta con más reconocimiento, es importante realizarlo correctamente: con las herramientas adecuadas, como un guante para proteger las manos de las garras o una caperuza para cubrir sus ojos y ayudarle a reducir los estímulos visuales durante el traslado.