Entre consultas, quirófanos y competencias, Rocío Muriel Valladares y René Pierdant Lozano han construido una vida en la que los proyectos personales encuentran espacio dentro de una historia compartida.

Se conocieron en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Rocío cursaba el primer año y René estaba por concluir la carrera. Aquel encuentro dio paso a un noviazgo de casi diez años, durante el cual aprendieron a acompañarse mientras cada uno trazaba su camino profesional.

Hubo temporadas a distancia. Primero, René se trasladó a la Ciudad de México para especializarse; después, Rocío hizo lo mismo para continuar su formación. Las exigencias de la medicina les enseñaron que estar juntos también significaba comprender las ausencias y apoyar las decisiones del otro.

Hoy comparten la crianza de Victoria, Andrés y Pablo. Ambos ejercen como médicos, mantienen su vínculo con el deporte y buscan tiempo para estar presentes en la vida de sus hijos. La organización ayuda, aunque reconocen que el equilibrio requiere ajustes constantes.

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Rocío: una vocación y una pasión propia

El primer acercamiento de Rocío al deporte ocurrió al ver a su papá jugar frontenis. Él la animó a entrar a las canchas y, a los ocho años, comenzó a practicar tenis. Hacia los 12 se incorporó al entrenamiento de alto rendimiento y participó en torneos estatales, regionales y nacionales.

De esa etapa conserva la constancia para prepararse y la disposición para enfrentar nuevos retos. Con el tiempo descubrió que esas herramientas también servían para ingresar a Medicina, cursar una especialidad y asumir las responsabilidades de su profesión.

La elección de la carrera tuvo otra influencia familiar: su mamá, enfermera, la acompañó en su preparación para entrar al área de la salud. Hoy es otorrinolaringóloga y cirujana de cabeza y cuello. En el contacto con sus pacientes encuentra una de las mayores satisfacciones de su trabajo, junto con la responsabilidad de acompañarlos durante sus tratamientos.

Las exigencias académicas redujeron el tiempo que podía dedicar al entrenamiento. Más adelante, con la maternidad, llegaron nuevas rutinas. El pádel le abrió una oportunidad para regresar a las competencias y, en junio, participó en un certamen internacional en Sevilla.

Conservar ese espacio personal tiene un significado especial para ella. Rocío reconoce que a veces siente culpa cuando el tiempo no alcanza para todo, pero también quiere que sus hijos vean a una mamá que disfruta su profesión y tiene metas propias. Considera que el ejemplo es una forma de enseñarles a perseguir lo que les apasiona.

René: la disciplina de volver a intentarlo

René comenzó a nadar y correr entre los cinco y seis años. Su familia lo acercó al deporte y, con el tiempo, encontró en el triatlón una motivación propia. Los primeros resultados lo llevaron a competir dentro y fuera del país.

Al ingresar a Medicina tuvo que reorganizar sus prioridades. Mantener la preparación para tres disciplinas resultaba difícil entre clases, prácticas y guardias, por lo que decidió concentrarse en la natación.

En 2003, cuando estaba por concluir la carrera, dedicó un año a buscar la clasificación para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Se quedó a cuatro décimas de segundo de la marca necesaria. Después retomó sus estudios y continuó su preparación médica.

Pasó ocho años de formación en la Ciudad de México, donde se especializó en cirugía plástica reconstructiva y posteriormente se formó en cirugía plástica pediátrica. La actividad física siguió acompañándolo, aunque con un ritmo distinto.

A su regreso a San Luis Potosí recuperó espacio para competir y llegó a ser campeón panamericano máster de natación. También desarrolló una labor que ocupa un lugar central en su vida: Regalando Sonrisas, asociación dedicada a realizar cirugías a niñas y niños con labio y paladar hendido.

Ese trabajo le permite poner su experiencia al servicio de pacientes y familias que necesitan atención. Su manera de entender el éxito incluye el ejercicio de la medicina, la ayuda a los demás, el cuidado de su salud y el tiempo con sus hijos.

Una familia con su propio ritmo

En casa, el deporte es una experiencia cotidiana. Victoria, Andrés y Pablo comienzan a descubrir sus intereses entre la natación, el fútbol y el básquetbol. Rocío y René buscan acompañarlos sin imponerles sus propias trayectorias.

Más que formar campeones, les interesa transmitir disciplina, respeto, humildad y constancia. También enseñarles a reconocer su esfuerzo y a entender que un resultado no define todo lo que han aprendido.

Victoria encuentra en su papá una referencia para acercarse a la natación y destaca de su mamá la presencia y el apoyo. En esas experiencias diarias, los valores que ambos aprendieron comienzan a tomar una forma propia en la siguiente generación.

Para Rocío y René, crecer juntos ha implicado hacer espacio para las aspiraciones de cada uno. Hoy, entre las responsabilidades profesionales y los entrenamientos, comparten un deseo: ver crecer a sus hijos y acompañarlos mientras descubren qué quieren hacer con su vida.