Defensa de la democracia
La presidenta Claudia Sheinbaum acudió a la “Cumbre en Defensa de la Democracia” en la ciudad de Barcelona, España, planteando un mensaje muy propio de lo que señala nuestra Carta Magna como principios y valores de la política exterior mexicana y que, antes, con los gobiernos neoliberales que padecimos, fue degradada por sujetos como Vicente Fox con el célebre “comes y te vas” y por Felipe Calderón con el denominado “rápido y furioso”. En suma, la presidenta reivindicó los principios de no intervención, de solución pacífica de las controversias, autodeterminación de los pueblos, proscripción de la amenaza o uso de la fuerza, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, la promoción y protección de los derechos humanos, así como la lucha por la paz y la seguridad internacionales. Citó la presidenta a Lincoln con el dictum “la democracia como poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, por lo que asume que “no hay democracia cuando no hay opción para los pobres, para los desposeídos”. Llamó en suma, a rechazar la intervención militar en Cuba y destinar un 10 por ciento del gasto militar mundial en armamento para que millones de personas puedan reforestar millones de hectáreas cada año en todo el planeta. “Sembrar paz y vida en lugar de sembrar guerra”, frase precisa para denotar el sentido de la democracia que se pretende en ese foro internacional y que no es otro que cuestionar otros valores distintos como los que pregona y promueve, de manera unilateral y provocadora el gobierno estadounidense de Donald Triump.
Podemos hablar de muchas cosas cuando hablamos de democracia, más allá de su significado etimológico como poder del pueblo, más allá de si se asume como fin o medio, más allá de las interpretaciones lógicas o historícas de sus implicancias en contextos determinados, etcétera. Pero de lo antes planteado por la presidenta Sheinbaum, para contrastar valores y principios que abonan a la paz y fortalecen a la democracia frente a valores que la demeritan y promueven la violencia, me vino a la mente la definición de un clásico que planteó a la democracia como un “método para contar cabezas sin romperlas” y que bien podría tener su contraparte en la consideración de tenerla como “método para romper cabezas sin contarlas”. No se trataría de un mero juego de palabras, sino la expresión de que con las mismas palabras puede plantearse algo completamente distinto.
Y, en efecto, si nos atenemos a esa definición que alguna vez propusiera el maestro Umberto Cerroni, citando a Bryce, en su clásico “Reglas y valores de la democracia”, queda claro que, quienes en el pasado degradaron lo establecido por la Constitución Política de nuestro país en materia de política exterior, como los ya citados Fox y Calderón, no era más que la expresión de una derecha proclive a despreciar la paz y, por el contrario, propiciar el conflicto y la guerra, como en efecto sucedió. Por tanto, las palabras de la presidenta resaltan por el contenido profundo que subyace en la recuperación de una tradición de política exterior de defensa real de nuestra soberanía. La promoción de la paz no puede ser más que un postulado que, tal vez a lo kantiano, se pretenda como “perpetua”, no tanto como fin que se pueda alcanzar plenamente algún día, sino como recorrido siempre presente que se camina y construye cada día y desde siempre.
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