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In-D: Estamos ante una nueva "Avanzada Regia"

Se caracteriza por la colaboración y el uso de tecnologías actuales

Por Daniel Tristán

Marzo 18, 2026 09:36 a.m.

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In-D: Estamos ante una nueva "Avanzada Regia"

Existen ciudades que producen música. Hay otras que generan movimientos artísticos profundos, maquinarias musicales cuyos engranajes logran funcionar con una precisión tal que terminan por marcar época en la historia. Monterrey, de vez en cuando, hace lo segundo.

A mediados de los noventa, mientras el país todavía intentaba descifrar qué venía después del movimiento de "rock en tu idioma", algo comenzó a suceder en el norte. Desde Monterrey emergió una camada de proyectos que parecían no obedecer a ninguna lógica establecida. Control Machete endurecía el pulso del hip hop nacional, Plastilina Mosh jugaba con la ironía electrónica, El Gran Silencio hacía bailar al barrio con acordeón y distorsión, Zurdok construía atmósferas alternativas de ambición internacional y Jumbo conectaba con la sensibilidad pop de una juventud que buscaba identidad. No compartían género, pero sí una intuición: estaban empujando juntos.

Aquella avanzada regia fue mucho más que una coincidencia geográfica. Fue una forma de organización cultural. Un ecosistema donde la colaboración, el apoyo mutuo y la sensación de pertenecer a algo más grande que el proyecto individual terminaron convirtiéndose en la verdadera innovación. Monterrey dejó de ser solamente ciudad industrial para transformarse en laboratorio creativo.

Hoy, tres décadas después, esa energía vuelve a moverse.

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No se trata de una repetición nostálgica ni de un intento forzado por recrear una fórmula que funcionó. Lo que comienza a perfilarse es una nueva avanzada regia que responde a un mundo completamente distinto. Proyectos como NsqkHumbeThe WarningLatin Mafia o Kevis & Maykyy no están construyendo desde los mismos cimientos tecnológicos ni desde las mismas reglas de la industria. Ya no necesitan estudios inaccesibles ni el beneplácito de las grandes disqueras para existir. Producen desde casa, distribuyen globalmente desde una laptop y presentan sus ideas en vivo entendiendo que el concierto es apenas una extensión de una conversación digital permanente. Pero si algo los conecta de manera directa con sus antecesores no es el sonido. Es la mentalidad.

Otra vez estamos viendo artistas que trabajan en bloque. Que se invitan a colaborar, que comparten escenarios, que recomiendan la música del otro sin miedo a perder protagonismo. En un país donde históricamente nos cuesta entender el valor del trabajo en equipo, esta escena regiomontana vuelve a recordarnos que la aspiración colectiva puede ser más poderosa que la carrera solitaria. La competencia no desaparece, pero se vuelve combustible creativo en lugar de obstáculo.

Resulta todavía más significativo que esta nueva avanzada surja sin alinearse a los géneros que actualmente dominan el mercado nacional. Mientras los corridos tumbados y el regional mexicano monopolizan la conversación mediática, estos jóvenes parecen apostar por una identidad propia, por un sonido que no necesita disfrazarse de tendencia para aspirar a trascender. Monterrey vuelve a decir, sin levantar demasiado la voz, que la profundidad cultural también puede ser estrategia.

En medio de este entramado generacional aparece una figura clave que permite entender la continuidad del fenómeno. Pepe Madero, surgido en la última camada de la primera avanzada con Pxndx y posteriormente consolidado como solista, funciona como un auténtico artista puente. Su trayectoria conecta simbólicamente a quienes abrieron camino en los noventa con quienes hoy comienzan a recorrerlo desde nuevas coordenadas. No se trata únicamente de influencia musical, sino de una transmisión de lógica creativa: la idea de que pertenecer a una escena no limita la individualidad, la potencia.

Algo nuevo está comenzando a moverse en Monterrey. No sabemos todavía cuál será su alcance real, qué nombres permanecerán o qué canciones terminarán definiendo esta etapa. Lo que sí es evidente es que estamos ante un relevo generacional que entiende mejor que nunca las herramientas del presente y que no tiene miedo de construir comunidad mientras avanza.

A los de mi rodada generacional es probable que no todas estas nuevas propuestas nos conmuevan ni nos representen. Tal vez algunas nos resulten ajenas o difíciles de descifrar. Pero hay una certeza imposible de ignorar: ahora son estos jóvenes quienes tienen la voz. Y cuando una generación toma el micrófono, lo verdaderamente inteligente no es juzgar desde la distancia sino acercarse con curiosidad. Porque conocer las nuevas tendencias, nos gusten o no, es una forma de mantenernos culturalmente despiertos. Y quien deja de escuchar el presente corre el riesgo de quedarse hablando solo con los fantasmas del pasado.